En mi pecho y en mis lágrimas está tu calor de mujer,
aquél calor que un día tu me diste sin razón y con lujuria,
y hoy por donde vaya tú estas conmigo,
como la sombra y el sol de la mano juntos,
como la lluvia y el claro cielo en arcoiris,
como tu adiós y mi tristeza haciendo el amor por última vez.
Una tarde me di cuenta que te marchabas por siempre,
porque en tus lágrimas al abrazarme sabían a despedida,
porque mi sangre estaba en todas las hojas que caían,
porque tu mirada se perdía y no me veías,
porque yo mismo abrí tus ojos a la soledad,
y frente a tí sentí perderte, no hubo más palabras.
Dejé que de tu mirada caiga el llanto amargo,
no supe hacer poesía con estas manos estúpidas,
mis ojos ya no veían margaritas ni claveles,
mi corazón se volvió de rosa a lluvia marchita,
y comenzó a llorar mi vida a escondidas,
mojando cada página llena de poemas con tu nombre.
No trates de amar de nuevo,
no hay otro amor igual,
ya no es lo mismo,
ya no se siente igual,
no volverá jamás,
esa es la pena que se lleva en la mirada.
El corazón con dolor vive,
el alma se va,
la tristeza y la soledad se llevan guardadas,
y las lágrimas caen cuando el recuerdo es sincero,
no, no trates de amar jamas,
porque el amor no correspondido es mas sublime que la muerte.
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