que sabes tú del anochecer,
que sabes tú si no has llorado,
si de rabia e impotencia no conoces;
solo guarda tus labios al silencio,
no, no digas nada,
solo duerme y ve tranquila al amanecer;
que sabes tú del aborrecer,
y que no puedo olvidarme de todo lo que he ofrecido,
no, no digas perdón,
porque no conoces lo sombrío de tu corazón.
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